Una historia de amor

Si alguien me pregunta cuál es mi libro favorito le tendré que responder con otra pregunta: ¿de ficción o de no ficción? Alguno de mis libros favoritos no tienen nada que ver con la ficción. Pero mi libro favorito de ficción es, sin lugar a dudas, L’écume des jours, de Boris Vian. Es un libro precioso, con un lenguaje lleno de imágenes, muy visual, que el autor utiliza de manera muy atrevida. Este libro hay que leerlo en su lengua original, el francés, porque cualquier traducción hará perder fuerza a estas imágenes, rodeadas de un vocabulario ingenioso. Básicamente es una historia de amor y de optimismo al comienzo, cuando el protagonista, Colin, joven millonario, se enamora y se casa con su amor Chloé, pero ésta enseguida es aquejada de una extraña dolencia, por la que tiene un lirio (!?) en el pulmón. Lo único que puede curarla es que Colin la rodee continuamente de flores, llegando nuestro protagonista a agotar toda su fortuna en su intento por curarla.
La historia poco a poco va adquiriendo un tinte más triste, a medida que Chloé empeora, hasta su muerte al final del libro. Pero para mí éste siempre ha sido un libro luminoso, porque habla de un amor eterno y persistente que traspasa hasta los muros de lo más trágico.
Sé que es un tópico, pero realmente el amor y el optimismo vital que normalmente lo acompaña suenan muy bien en francés. Para George Moustaki, éste es “el tiempo de vivir, de ser libres, sin proyectos y sin rutinas, podremos soñar nuestra vida…”. Su canción “Le temps de vivre” es una joya:

Probablemente, mi gusto por un lenguaje lleno de imágenes y la aparición de un elemento fantástico confundido en un fondo realista sean la razón principal del aprecio que tengo por este autor y otros que también tienen estas características (como el mejor Gabriel García Márquez de Cien años de soledad), pero hay algo más que también me fascina. Es el amor rodeado de magia y misterio, el amor que podemos leer en otro gran libro, la gran obra de la literatura rusa del siglo veinte, Maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov. Sí, sí, ya sé que hay muchas otras cosas en este libro, como la sátira política y la sátira social, la religión, etc., pero este libro es sobre todo un libro de amor y sensualidad, acompañado de un gran componente fantástico, que lo inunda todo. La lectura de este libro me enseñó muchas cosas sobre mí mismo, sobre Rusia, sobre los rusos, y también, por qué no, sobre el amor.
Debería ser evidente, pero a veces no lo es: Donde hay amor también tiene que haber sensualidad. Cuando descubrí esto mi vida cambió. Por eso vuelvo a Rusia.
Rusia es un país de perros y gatos. Es curioso cómo este tema también es recurrente tanto en Bulgákov como en Vian. Debería hablar más de ello otro día.








