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Archivo para la categoría ‘Literatura’

La fuente de Bajchisarai (Bakhchisarai) y el teatro Mariinski

Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 Comments off
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La Fuente de Bajchisarai

El 24 de diciembre de 2005 asistí a un ballet que la compañía del teatro Mariinski daba en San Petersburgo. Su título era “La Fuente de Bajchisarai”. Esta obra se anuncia como un “poema coreográfico en cuatro actos con prólogo y epílogo”, con música de Boris Asafiev y libreto de Nikolai Volkov, y está inspirada en un poema que sobre este tema escribió el gran poeta ruso Alexander Pushkin. A su vez, el poema esta basado en un episodio histórico realmente conmovedor. En Bajchisarai, el Khan Ghirei recibe en su harén a la cautiva María, la hija de un noble polaco a los que sus soldados tártaros han vencido en batalla y cuyo palacio han asaltado. El Khan queda inmediatamente prendado de su belleza, con los consiguientes celos de la que hasta entonces era su favorita, su mujer Zarema. Zarema intenta matar a María, a la cual no le importa morir bajo su daga. A pesar de la impresión que esto le causa a Zarema, al final María muere. Todo es descubierto y el Khan, destrozado por la noticia, captura y ordena ejecutar a Zarema.

San Petersburgo - Teatro Mariinsky

Mi primera visita al teatro Mariinski - 24 de diciembre de 2005

La obra acaba con el Khan Ghirei sentado pensativo y desconsolado, junto a la “Fuente de Lágrimas”, pensando en la bella María. La fuente en sí misma es testimonio de su amor, no correspondido. El Khan es un hombre duro y cruel, un fiel exponente de lo que era un caudillo tártaro en aquellos días, asolando constantemente todos los territorios de su alrededor. Pero dentro de este hombre aparentemente inhumano hay un corazoncito que se quedó enamorado de alguien que no le quería y que le odiaba. El busca a un artesano entre los mejores y le ordena construir una fuente que simbolice su tristeza, una fuente en la que las lágrimas no dejen de caer. Y así nació la fuente de Bajchisarai, en la que el agua sale de pequeños surtidores que van bajando de bandeja en bandeja, sin fin.

Esta fuente existe. Está en Crimea (en la Ucrania actual), en el que era el palacio del Khan, y a su izquierda se puede ver un busto de Pushkin (no aparece en la foto arriba, pero sí en su enlace), seguramente para honrar el homenaje que este gran escritor en lengua rusa hizo a esta pequeña historia.

A mí esta fuente me parece de un belleza singular, por su sencillez y por su significado tan profundo. Un amor imposible convertido en un homenaje de piedra. No hace falta un gran monumento para expresarlo. Basta con una fuente “de lágrimas”, pues así es como se conoce esta fuente, la “Fuente de Lágrimas”.

El ballet, por cierto, me encantó. Pero eso es otra historia. Estamos hablando de una de las compañías de ballet con más tradición de San Petersburgo y, por supuesto, de Rusia.

Enlace (en inglés) del teatro Mariinski (o Mariinskiy, o Mariinsky).

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Strangers (Yuri Grymov) y La Compañía Número Nueve

Jueves, 29 de Octubre de 2009 Comments off

chuzhie_posterHoy he visto una película que tenía ganas de ver hace tiempo. Su título en inglés es “Strangers” (director: Yuri Grimov), aunque su título en ruso, que translitero en caracteres latinos, es “Chuzhie” o “Chuzhiye”. Es exactamente el mismo título en ruso que para la película “Aliens”. En castellano quiere decir algo así como “extraños”, “extranjeros”, “alienígenas”, “los otros”, etc. La razón por la que tenía tantas ganas de verla es porque el año pasado leí una crítica en el periódico The St. Petersburg Times en la que el crítico que firmaba el artículo se mostraba indignado por el tratamiento dado en la película a los protagonistas estadounidenses, y eso despertó mi curiosidad. He encontrado otra vez el artículo, pues está disponible on-line. Está AQUI.

Básicamente, el tema de la película es el siguiente: Unos médicos estadounidenses viajan a un lugar de Oriente Medio no especificado, en el que hay un conflicto bélico, con el fin de vacunar a niños y proporcionar ayuda médica. Sin embargo, esto lo hacen ignorando que están en otro país y pretendiendo inculcar su propio sistema moral y modelos de comportamiento. Se consideran salvadores y transmisores de un modo de vida supuestamente superior (Por si hay alguna duda, se pueden leer las propias declaraciones del autor sobre el mensaje de la película, que aparecen citadas en el artículo de The St. Petersburg Times). Con ellos se cruzan los habitantes del lugar y los soldados rusos, que como es de imaginar, son presentados de una manera más humana. De hecho, la víctima más destacada de la película es un cirujano militar ruso, prisionero de la guerrilla local. Este cirujano, después de salvar la vida a uno de los médicos, muere asesinado como resultado del conflicto cultural que crean los visitantes, que han entrado en la vida local como unos elefantes en una cacharrería.

Sinceramente, después de ver tantas películas en las que hispanos bajitos, morenos y con bigotes aparecen como peligrosos narcotraficantes y delincuentes, o en las que los rusos aparecen como despiadados y fríos asesinos y los árabes como fanáticos terroristas, es refrescante ver una película en la que los papeles están cambiados y no aparecen valientes guerreros “americanos” salvadores. Además la película no es mala. Merece la pena verla. Para los que no sepan ruso, la película también se puede obtener en inglés. Tiene el morbo añadido de que se prohibió su difusión en Estados Unidos.
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En esta película los soldados rusos son el contrapunto de los “extranjeros” americanos. Ellos también son “extranjeros”, pero lo saben. Ofrecen una imagen de destino trágico y resignación que aparece igualmente en otros ejemplos del cine bélico ruso de los últimos años. Esto ocurre, por ejemplo, en la impactante “Devyataya Rota” (director: Fyodor Bondarchuk), una de las mejores películas de guerra que he visto en mi vida. Está basada en un hecho real de la guerra que los soviéticos tuvieron en Afganistán contra los talibanes, antes de que éstos se convirtieran en los “malos”. Después de tantas películas sobre la guerra del Vietnam es interesante ver lo que pasó en “el otro lado”. En la guerra de Afganistán se estima que murieron 15000 soldados soviéticos y 1000000 afganos.

Solaris

Lunes, 24 de Agosto de 2009 Comments off

Siempre me han gustado las películas de ciencia ficción, aunque con el tiempo han ido perdiendo importancia en mi escala cinematográfica de valores. Sin embargo, los grandes clásicos del género me parecen insustituibles. Películas como Dune y Blade Runner me parecieron fascinantes, y la segunda me sigue pareciendo una maravilla, a pesar de que ya han pasado años y los efectos especiales muestran el paso del tiempo. También basada en un relato de Philip K. Dick (como Blade Runner), merece asimismo ser “recordada” Desafío Total (Total Recall en su título original). Los relatos de aventuras disfrazados de ciencia ficción, como la Guerra de las Galaxias (Star Wars) y las entregas de Star Trek también me han parecido por lo menos entretenidos. Y, por supuesto, Matrix me pareció una película muy innovadora no sólo en efectos especiales sino también por las implicaciones filosóficas inherentes a la duda de si esto que vivimos es real o es una ilusión (cuestión que también aparece en las películas inspiradas en los relatos de Dick, por cierto).
La lista de títulos no se agota aquí. Aunque, no sé por qué, la ciencia ficción que más me ha atraído siempre es la más “abstracta”, por así decirlo, en la que las preguntas filosóficas están por encima de la acción y lo invaden todo. Esto ocurría en 2001: Una Odisea en el Espacio (2001: A Space Odyssey) de Arthur C. Clarke, pero sobre todo en Solaris. Con este título existen dos películas, basadas en la novela homónima de Stanislaw Lem, la primera dirigida por Andrei Tarkovsky en 1972 y la segunda dirigida por Steven Soderbergh en 2002. Yo me quedo con la de Tarkovsky. No por casualidad consiguió el Grand Prix de Cannes en su edición de 1972. A pesar de la pobreza de alguno de sus efectos especiales (me estoy acordando por ejemplo del fuego que se produce en la sala de lanzamientos) la película adquiere un tono filosófico inigualable, lo que a mi juicio no consigue la película de Soderbergh.
A continuación podemos ver los trailers de las películas de Tarkovsky (1972), arriba, y de Soderbergh (2002), abajo.

La historia que presentan la novela y las películas gira en torno a un extraño planeta, Solaris, que los protagonistas intentan estudiar desde una estación espacial. Este planeta está cubierto por una especie de mar inteligente que, en realidad, está poniendo a prueba a los astronautas de la estación materializando los pensamientos y recuerdos que les atormentan. El personaje principal, Kelvin, es atormentado por la muerte tiempo atrás de su mujer Harye, que se suicidó mediante una inyección letal. Se le aparece de nuevo Harye, no una, sino varias veces, y nunca se puede deshacer de ella. Los otros dos compañeros de la estación también reciben visitantes.
Al final, los que querían estudiar la inteligencia de Solaris se convierten en los estudiados. Este relato es un gran ejemplo de uno de los temas de Lem: la incapacidad de comunicación con otras formas inteligentes por su gran diferencia cualitativa. Pero a mí lo que más me atrae de Solaris es su capacidad de transmitir la gran soledad del hombre en la inmensidad del universo y de cómo podemos llegar a vivir inmersos en las realidades que nosotros mismos creamos en nuestra cabeza. Muchos psicoterapeutas estarían de acuerdo con la afirmación de que lo que nos atormenta no necesita ser sólido para ser real. La solidez que aparece en la película es sólo énfasis.

Una historia de amor

Sábado, 22 de Agosto de 2009 Comments off

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Si alguien me pregunta cuál es mi libro favorito le tendré que responder con otra pregunta: ¿de ficción o de no ficción? Alguno de mis libros favoritos no tienen nada que ver con la ficción. Pero mi libro favorito de ficción es, sin lugar a dudas, L’écume des jours, de Boris Vian. Es un libro precioso, con un lenguaje lleno de imágenes, muy visual, que el autor utiliza de manera muy atrevida. Este libro hay que leerlo en su lengua original, el francés, porque cualquier traducción hará perder fuerza a estas imágenes, rodeadas de un vocabulario ingenioso. Básicamente es una historia de amor y de optimismo al comienzo, cuando el protagonista, Colin, joven millonario, se enamora y se casa con su amor Chloé, pero ésta enseguida es aquejada de una extraña dolencia, por la que tiene un lirio (!?) en el pulmón. Lo único que puede curarla es que Colin la rodee continuamente de flores, llegando nuestro protagonista a agotar toda su fortuna en su intento por curarla.

La historia poco a poco va adquiriendo un tinte más triste, a medida que Chloé empeora, hasta su muerte al final del libro. Pero para mí éste siempre ha sido un libro luminoso, porque habla de un amor eterno y persistente que traspasa hasta los muros de lo más trágico.

Sé que es un tópico, pero realmente el amor y el optimismo vital que normalmente lo acompaña suenan muy bien en francés. Para George Moustaki, éste es “el tiempo de vivir, de ser libres, sin proyectos y sin rutinas, podremos soñar nuestra vida…”. Su canción “Le temps de vivre” es una joya:

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Probablemente, mi gusto por un lenguaje lleno de imágenes y la aparición de un elemento fantástico confundido en un fondo realista sean la razón principal del aprecio que tengo por este autor y otros que también tienen estas características (como el mejor Gabriel García Márquez de Cien años de soledad), pero hay algo más que también me fascina. Es el amor rodeado de magia y misterio, el amor que podemos leer en otro gran libro, la gran obra de la literatura rusa del siglo veinte, Maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov. Sí, sí, ya sé que hay muchas otras cosas en este libro, como la sátira política y la sátira social, la religión, etc., pero este libro es sobre todo un libro de amor y sensualidad, acompañado de un gran componente fantástico, que lo inunda todo. La lectura de este libro me enseñó muchas cosas sobre mí mismo, sobre Rusia, sobre los rusos, y también, por qué no, sobre el amor.

Debería ser evidente, pero a veces no lo es: Donde hay amor también tiene que haber sensualidad. Cuando descubrí esto mi vida cambió. Por eso vuelvo a Rusia.

Rusia es un país de perros y gatos. Es curioso cómo este tema también es recurrente tanto en Bulgákov como en Vian. Debería hablar más de ello otro día.
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