Un 24 de abril en Hayastán
En octubre de 2004 asistí al primer congreso de la Asociación Armenia de Estudios Ingleses (AASE: Armenian Association of English Studies) en Ereván (también escrito Yereván a veces, más fiel a su pronunciación original), capital de Armenia. Nunca antes había estado en Armenia o en ningún otro país que hubiera pertenecido a la ya lejana en el tiempo Unión Soviética. Para mí, que llevaba años trabajando en proyectos lingüísticos europeos, viajando una y otra vez a países como Alemania, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Italia, etc. me pareció aterrizar en un mundo completamente distinto. Ya había visitado Japón en 2003, que por supuesto me pareció exótico y oriental comparado con los países europeos e incluso con Estados Unidos, a donde no he vuelto desde 2001, por cierto. Armenia era diferente. Era un país en el que se veían aquí y allá los restos de un mundo desaparecido, la Unión Soviética, junto con los esfuerzos por conseguir algo diferente, la Armenia del siglo XXI. Descubrí que existen sitios, como este país, donde te puedes comunicar en ruso como lingua franca, a pesar del impacto global del inglés. Se puede decir que desde entonces se despertó mi interés por “lo ruso”, pues era visible el impacto de la influencia rusa durante el periodo soviético, por no hablar del aprecio que tienen los armenios al “amigo ruso” por su ayuda en su eterno conflicto con Azerbayán por el territorio de Nagorno-Karabakh. Debido a esto último y a sus intentos constantes de que Turquía reconozca el genocidio de armenios realizado por el imperio otomano, en el que aproximadamente un millón de armenios murieron en 1915, Armenia está en constante tensión con sus vecinos Azerbayán, Turquía y Georgia. Es una pena que Turquía no siga el ejemplo de Alemania con los judíos y reconozca lo que pasó. Los que vivimos ahora no somos responsables de lo que ocurrió en el pasado, pero debemos reconocerlo para que no se vuelva a repetir. Yo no soy responsable de las burradas que hizo la inquisición española hace mucho tiempo, pero reconozco lo que pasó en mi país.
La fecha en que se celebra el genocidio armenio es el 24 de abril, puesto que se considera que en esa fecha de 1915 comenzó la cadena de hechos, con la detención de 250 intelectuales armenios. Yo nací un 24 de abril. Mi madre nació también un 24 de abril. Mi hermano Fernando (Tito) también nació un 24 de abril. Al margen de los comentarios que se pueden hacer sobre la capacidad de mi madre de atinar con la fecha de nacimiento de sus hijos, para mí, cuando me enteré del significado de esta fecha mágica, me pareció que el universo me había hecho un guiño y me había mostrado algo que todavía hoy no sé muy bien qué quiere decir.
Mi solidaridad con todos los armenios que perecieron o tuvieron que exiliarse en aquella tragedia es inmensa no porque mi cumpleaños coincida con esa fecha sino porque lo que ocurrió fue una salvajada que sólo podía ser llevada a cabo por mentes inhumanas.
Esta visita a Armenia es el viaje más importante que he hecho en toda mi vida. Creo sinceramente que el Cáucaso, donde Armenia está enclavada, es el centro del mundo, y no sólo por su gran efervescencia política. Por eso quiero dedicar más tiempo a hablar de Armenia y el Cáucaso aquí en mi blog.
Actualización de esta entrada el día 11 de octubre de 2009:
Noticia de última hora: “Armenia y Turquía ponen fin a cien años de hostilidad. Ambos países firman en Suiza un pacto para establecer relaciones“. No será el fin del desacuerdo, pero es un paso adelante.






